Historia de la bicicleta en México: Su llegada y el cambio

Una experta nos revela los primeros años de este original medio de transporte, así como su arribo a nuestro país, a donde llegó para convertirse en “amiga de todos” por su fácil manejo (y respeto al medio ambiente).

Montados sobre algo que parecía más una silla de montar que un asiento, los primeros ciclistas del mundo (a finales del siglo XVIII) maniobraban sus novedosos vehículos de dos ruedas con dificultad y daban grandes zancadas para impulsarse abriéndose paso entre la gente que, admirada, veía cómo avanzaban y se perdían “de un modo extraño”, pero aparentemente ágil y divertido.

Estas primeras bicicletas, llamadas “celeríferos”, se impulsaban y frenaban con los pies, ya que no tenía pedales. La postura que había que adoptar era cansada y ridícula; los trayectos en subida o bajada se hacían difíciles y peligrosos; las llantas, macizas y delegadas, golpeteaban sobre los empedrados y las terracerías, de manera que el pobre conductor descendía con el cuerpo adolorido de tanto traqueteo. Para darles vuelta había que detenerse y levantar estas rudimentarias bicicletas, pues las dos llantas estaban fuertemente unidas por un eje de madera sobre el que descansaba el asiento. Una barra transversal, apoyada en el eje de la llanta delantera un poco más largo que el de la trasera, servía más como agarradera que como manubrio. Todo esto sucedía cerca de 1790 en Europa.

Unos años después, un ingeniero y profesor de mecánica, el barón Carlos Federico Drais de Sauerbronn, logró un modelo más sofisticado de bicicleta en el que la llanta delantera giraba independientemente de la de atrás y ya no formaban un solo cuerpo. Esto permitía controlar las vueltas sin necesidad de bajarse a cargar la bici para cambiar de rumbo.

La bicicleta tardó muchos años en arribar a América, pero se quedó para formar parte del encanto y folclor de nuestro país. Una vez superado el asombro de ese extraño aparato ante el cual los perros ladraban, los caballos se encabritaban, las personas más temerosas se escondían y los escandalizados, creyéndolas cosas del infierno, lanzaban piedras a su paso, la bicicleta pasó a formar parte de la vida diaria de los mexicanos. En las alegres coplas de “Las bicicletas” se pone en evidencia el impacto y la aceptación que recibió este vehículo que enmarcó una nueva época en el transporte de las primeras dos décadas del siglo XX.

“De todas las modas que han llegado de París y Nueva York, hay una sin igual, que llama la atención. Son bicicletas que transitan de Plateros a Colón, y por ellas he olvidado mi caballo y mi albardón… “.

Poco a poco, la bicicleta sustituyó al caballo, a la mula y al burro, sobre todo en las ciudades, y se fue convirtiendo en un transporte popular en todo el sentido de la palabra.

FUENTE: mexicodesconocido.com.mx

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